Jymy Forero Hidalgo
Doctor en Historia
Asesor del Cepaz
Profesor titular UPN
En los últimos años, el mundo y en particular América Latina, ha sido testigo de un fenómeno político que, aunque no enteramente homogéneo, ha mostrado tendencias claras: el auge y consolidación de fuerzas políticas (expresadas en gobiernos y regímenes, en partidos y movimientos políticos) identificadas con la derecha radical, la derecha neofascista y la derecha neoconservadora, que cuentan con márgenes significativos de aprobación social.
Desde la primera elección de Trump (2017), a la de Jair Bolsonaro en Brasil (2019) y Nayib Bukele en El Salvador (2019) hasta los resurgimientos reaccionarios en Perú con Dina Boluarte (2022), en Argentina con Javier Milei (2024) y Chile con José Antonio Kast (2025) pasando por el fortalecimiento de liderazgos anti-establishment que articulan identidades nacionalistas, religiosas o economicistas, la región experimenta una reconfiguración del paisaje político.
Nuevas y viejas formas de dominación están apelando y justificando diversos tipos de discriminación, exclusión, segregación y colonialismo de pueblos enteros afianzando prácticas xenófobas, homófobas, racistas, sexistas, supremacistas, aporofóbicas, que exacerban las migraciones forzadas y el despojo. El ímpetu por disputar el espacio político perdido imprime a las ultraderechas un carácter revanchista y violento que se mueve en medio de la movilización en la calle, el copamiento institucional, acciones ilegales y en la disputa ideológica. Estamos ante derechas profundamente regresivas.
Este auge no es un fenómeno aislado ni meramente local, se encuentra imbricado en transformaciones profundas del orden geopolítico mundial asociadas a la crisis del patrón civilizatorio (capitalista, patriarcal, antropocéntrico y colonial), la crisis de la representatividad política, la reconfiguración de la matriz de acumulación de capital presionada por la alteración en la cadena de suministros en la que galopaba la globalización imperialista y el derrumbe del sistema mundial basado en reglas surgido tras la segunda posguerra cuyo golpe de gracia lo constituye el genocidio en Gaza y la invasión militar a Venezuela a inicios de 2026; reestructuraciones económicas, políticas y culturales de hondo calado aceleradas en el periodo pospandemia.
Raíces de una nueva ola reaccionaria
En el caso de América Latina se pueden identificar al menos cuatro ciclos u olas de auge de las extremas derechas: 1) el período entre 1919-1953 en el que se establecieron distintos regímenes, partidos y movimientos políticos con la influencia del nacionalismo, del falangismo y del fascismo histórico; 2) el periodo de 1954-1989 influenciado por la Doctrina de Seguridad Nacional y la idea del enemigo interno emanadas de los Estados Unidos como expresión de la política de contención del comunismo cuyo punto de inicio lo marcó el derrocamiento del gobierno de Jacobo Arbenz Guzmán en Guatemala; 3) el periodo 1990-2010 en el que las derechas autoritarias en el continente coincidieron con el ascenso e implementación del proyecto económico e ideológico neoliberal; 4) finalmente, desde 2016 como reacción a la segunda ola de gobiernos progresistas.
¿Cuáles fueron las condiciones estructurales que alimentaron el ascenso de esta cuarta ola de la extrema derecha en América Latina? Primero, la crisis de representación política, la debilidad de los partidos tradicionales de corte liberal, la corrupción persistente y la percepción ciudadana de ineficacia estatal han creado un terreno fértil para propuestas que prometen respuestas simplistas a problemas complejos difundiendo mensajes de “renovación” mediante rupturas radicales y de “restablecimiento” del orden, restauración de la grandeza, defensa de valores tradicionales o defensa de la “soberanía” sin matices, encontrando audiencias y lealtades significativas.
Segundo, estas derechas son hijas de la crisis del capitalismo exacerbada por la crisis financiera mundial de 2008, agudizada por los periodos de recesión experimentados a partir de 2016 y profundizada por el impacto de la pandemia de la COVID-19, evidenciando el declive de las tasas de ganancia, el agotamiento del modelo neoliberal y el ocaso de la hegemonía norteamericana. A pesar de dicho deterioro, la concentración de la riqueza marca una tendencia global que amplía las brechas de desigualdad estructural. Paradójicamente, aunque la extrema derecha es vista como continuadora de políticas de libre mercado en varios contextos se presenta como alternativa a su debacle.
Tercero, el acenso de la movilización popular y la lucha social. El auge en las tres últimas décadas de movimientos sociales, culturales y de protesta de carácter reformista y/o antisistémico -desde los feminismos, las luchas ecologistas, la defensa de los territorios, hasta los reclamos étnicos y agrarios- han impactado el sentido común y alcanzado victorias normativas generando una aguda reacción de sectores intransigentes que, mediante una “batalla cultural”, han declarado una cruzada ideológica estratégica para preservar privilegios ante cambios sociales acelerados.
La frustración creciente ante los límites, limitaciones, vacíos y equivocaciones de las experiencias progresistas no necesariamente explican, pero sí han contribuido a la emergencia de las nuevas caras de la derecha en la región. Durante este ciclo no se ha logrado estabilizar un proyecto hegemónico en la región ni desde las derechas ni desde el progresismo o las izquierdas, lo que ubica a América Latina y el Caribe como territorio en disputa entre los EEUU (hoy bajo la reedición de la doctrina Monroe), China, Rusia, Israel y los horizontes de los movimientos populares.
El tránsito hacia un nuevo orden mundial y su reflejo en América Latina y el Caribe
El debate de un “nuevo orden mundial” ocurre en el contexto del declive de la hegemonía unipolar estadounidense y la transición a un mundo multipolar con potencias como China, Rusia, India, entre otras. Este proceso, que significa una especie de nuevo reparto del mundo produce efectos políticos directos en múltiples regiones, incluida América Latina.
En este marco aparece la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de la administración Trump orientada a “Mantener la supremacía estadounidense en el hemisferio occidental, excluyendo a potencias extra-hemisféricas”, que le permita recuperar la autosuficiencia económica e industrial mediante una reindustrialización basada en energía abundante y barata, recuperar su poder militar y cultural y redefinir sus alianzas bajo criterios estrictamente transaccionales.
Así las cosas, el “nuevo orden mundial” es una realidad concreta que condiciona políticas domésticas: desde la política migratoria hasta las estrategias de seguridad, pasando por acuerdos comerciales y posicionamientos geopolíticos. La extrema derecha, en su versión latinoamericana, capitaliza la incertidumbre sobre el lugar de la región en este orden emergente, ofreciendo respuestas autoritarias y de instrumentalización del miedo. El bombardeo y la invasión a Venezuela en pleno siglo XXI representan un punto de inflexión, no solo para el destino inmediato de ese país, sino para la configuración de la región y su lugar en un orden mundial en crisis.
Con estas tendencias de fondo, la extrema derecha latinoamericana ha venido adoptando marcos ideológicos similares a los de líderes ultras y radicales en otras latitudes, y participando de redes y escenarios transnacionales de partidos, financiaciones, think tanks y campañas mediáticas de desestabilización política a los adversarios. No obstante, en su interior también expresan intereses y enfoques diferentes que las enfrentan respecto de las posiciones “soberanistas” o “globalistas”.
En cada una de las cuatro olas, la extrema derecha ha surgido como resultado de procesos históricos, contradicciones, sensibilidades y aspiraciones de una época. El actual auge es la manifestación más amplia de la fragmentación social contemporánea: gente desencantada, estructuras estatales ineficientes y grupos corporativos monopólicos que concentran la riqueza. Requerimos de una comprensión profunda de sus raíces, efectos y alternativas posibles para fortalecer formas de sociedad alternativas orientadas hacia la emancipación social en un mundo en permanente transformación.